El pasado 5 de marzo finalizaba el plazo para que nuestros jóvenes presentaran sus solicitudes para incorporarse a la agricultura y la ganadería. Jóvenes que, en muchos casos, ya han iniciado su andadura en esta noble profesión sin saber siquiera si recibirán apoyo económico por parte de la administración. Jóvenes que ya están pagando sus impuestos, sus cuotas a la Seguridad Social y que, cada mañana, salen al campo para enfrentarse al reto de sacar adelante una explotación agraria.
Pero conviene detenerse un momento y reflexionar: ¿somos realmente conscientes de la valentía que supone dar ese paso hoy en día?
Porque sí, hay que decirlo alto y claro: estos jóvenes son auténticos VALIENTES. Valientes que deciden iniciar una actividad, en muchos casos, en pueblos de la llamada “España vaciada”, donde cada año desaparecen servicios, donde la conexión a internet sigue siendo un problema y donde la población envejece sin relevo generacional. Pueblos donde apenas nacen niños, donde faltan escuelas, guarderías, infraestructuras y servicios básicos.
Y aun así, deciden quedarse.
Deciden quedarse sabiendo que su día a día estará lleno de incertidumbre. Pedriscos que arruinan una cosecha en minutos. Sequías que duran años. Inundaciones inesperadas. Daños provocados por conejos o enfermedades en el ganado. Normativas cada vez más complejas, una burocracia asfixiante, recortes en el agua o en las ayudas de la PAC. Acuerdos comerciales firmados a miles de kilómetros sin escuchar al sector. Aranceles imprevisibles. Costes de producción que se disparan por conflictos bélicos que ocurren al otro lado del mundo.
Aun así, deciden quedarse.
Porque hay que ser decidido, audaz y tremendamente valiente para apostar por el campo con todas esas incertidumbres sobre la mesa. Si alguien abre un comercio y a los pocos meses no obtiene rentabilidad, lo normal es cerrar y buscar otra alternativa. Pero en la agricultura y la ganadería no funciona así. Aquí no se baja la persiana al año. Aquí hay que resistir. Hay que seguir trabajando, aunque los números no salgan. Hay que seguir alimentando a los animales todos los días. Hay que seguir cuidando los cultivos hasta la cosecha, pase lo que pase. En definitiva “Hay que seguir alimentando al mundo».
Por eso, ahora la pelota está en el tejado de la administración.
Desde ASAJA lo tenemos cristalino. No podemos permitirnos dejar a estos jóvenes en la estacada. No podemos permitir que haya solicitantes que se queden sin ayudas para iniciar su actividad o para modernizar sus explotaciones. Ellos ya han demostrado su compromiso con el campo, con los pueblos y con el futuro del medio rural.
Ahora le toca cumplir a la administración.
Porque de poco sirven los discursos políticos sobre la importancia del relevo generacional si luego no se ponen sobre la mesa los recursos necesarios para atender todas las solicitudes. No basta con hablar de futuro para el campo; hay que invertir en él.
Y hay que ir más allá. La administración tiene que seguir apostando por los pueblos, por sus infraestructuras, por sus servicios y por su desarrollo. Porque cuando se abandona un pueblo, no solo se pierde población: también se pierde agricultura, ganadería y, en definitiva, una parte esencial de nuestro país.
Y eso, sencillamente, no nos lo podemos permitir. Porque si algún joven abandona su actividad o decide no emprender por falta de apoyo económico, habremos fracasado.
Lola Ruiz de la Hermosa
Secretaria General de ASAJA Ciudad Real




